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LA PRODUCTIVIDAD ESPAÑOLA PREOCUPA
El día 27 de enero de 2005, Bruselas alertó en su informe sobre empleo 2004-2005 sobre la baja productividad que se está produciendo en los países que forman la UE, lo que nos coloca en una situación inferior a la que se da en Estados Unidos.
De los 25 países, los que más han avanzado en productividad son los diez de la ampliación, aunque de todos ellos, sólo Irlanda cuenta con unos niveles de productividad mayores a la media europea.
España e Italia han sido los países que menor tasa de productividad han tenido durante este período y de ellos, el caso español es el más preocupante. Sus problemas vienen directamente relacionados, según el informe, con la estructura económica y el mercado laboral, que urge de una reforma integral.
Sin ir más lejos, y por poner uno de los muchos ejemplos, según diversos estudios, en el 2015 España entrará en crisis económica por el envejecimiento de la población, que hará que nuestro estado sea el país con las pensiones más costosas de la UE.
Por este mismo motivo, el gobierno español solicitó hace seis meses a ocho expertos (siete catedráticos y un abogado laboralista) que analizasen la situación del mercado laboral. Este informe, que aporta datos, aunque pocas soluciones, es tajante al indicar que, la baja tasa de productividad y los desequilibrios existentes en la actualidad, desembocarán en un proceso de destrucción de empleo. Esto es así porque las empresas pretenden, mediante la masiva contratación temporal, conseguir una flexibilidad que pueda paliar los efectos de esta baja tasa de productividad, provocando así que los trabajadores se vean inseguros en las empresas que los contratan, poco identificados con la misma y sin ganas de implicarse en la organización interna.
El estudio señala, como focos principales de estudio la mejora en las empresas de la relación entre flexibilidad y seguridad en el empleo. Para los expertos, la solución pasaría por crear un marco laboral flexible para combatir el entorno competitivo cambiante y cada vez más exigente aunque señalan que esta flexibilidad no debe perseguirse a través únicamente de la ausencia de garantías para los trabajadores.
Siguiendo esta idea, y siempre según la redacción del informe, “los contratos indefinidos no son demasiado estables” ya que, según los datos obtenidos, la mayor parte de los contratos celebrados por tiempo indefinido, tienen una duración de cinco años. Esta situación se resolvería creando nuevos modelos de contratación que fuesen intermedios entre los tradicionales indefinidos y temporales. Podrían ser contratos temporales de larga duración, que abaratarían el despido y ayudarían a las empresas en cuanto a la flexibilidad (consultar News letter nº 1).
Ana María Gómez
Departamento Laboral Ibáñez & Almenara Abogados
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