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El Marketing como respuesta a los cambios en la profesión. ¿Cómo orientarla?
Existe en la profesión un cierto sentimiento de pérdida de terreno respecto a otros profesionales y empresas que actúan en el mercado de los servicios jurídicos.
Los gestores, los graduados sociales, los economistas y asesores fiscales, etc., han sido más dinámicos a la hora de ofrecer sus servicios y captar los clientes de los abogados. No es necesario repasar la historia para saber cómo se ha llegado a esta situación.
Recuperar ese terreno perdido solamente se puede hacer con la razón. Por mucho que amemos nuestra profesión, haciendo las mismas prácticas centenarias, seguiremos igual o peor. Es como aquel viejo aforismo: “el que no avanza, retrocede”.
El mundo hace mucho que ha cambiado profundamente y los abogados no tanto. Peor incluso: esta profesión se ha masificado y ha proliferado el abogado individual como respuesta a la masiva incorporación al mercado de trabajo de las generaciones de los años sesenta y setenta. No se han creado grandes estructuras de abogados o despachos tipo anglosajones. Lo cierto es que el mercado se ha “estrechado” y no hay suficiente negocio para tanto profesional. El aumento del número de profesionales en nuestro sector de la abogacía se ha perpetrado sobre el modelo artesanal, claramente predominante, y sobre el que los abogados nos hemos venido formando a lo largo de los tiempos, con escasas variaciones.
Lo cierto es que este modelo o concepto artesanal del ejercicio de la profesión, o incluso mentalidad de ejercicio del derecho, ya no es suficiente y el futuro lo irá relegando hasta su extinción, con mayor o menor número de honrosas excepciones.
El problema es de raíz pues los estudios de Derecho, donde los programas son ya antiguos, no preparan a los futuros abogados para el Management y aún menos para el Marketing. El resultado es que la mayoría de los abogados jóvenes o se establecen por su cuenta –hoy ya prácticamente en desuso- o entran al servicio de despachos donde se perpetúan en las viejas prácticas sin tener idea de los principios de gestión necesarios para la buena marcha de su empresa, y de los criterios de rentabilidad empresarial.
No hay un gran conocimiento del marketing en el sector jurídico y ello también es porque hay una visión conservadora de la profesión, una interpretación muy clasista de la figura del abogado y de sus modos de actuar, e incluso por una percepción extrema de la deontología.
El resultado es que el Marketing no se ha detenido en los abogados y no existen apenas en España obras importantes sobre esta disciplina en los despachos profesionales, y en su caso, lo existente no responde a una elemental técnica de base jurídica y empresarial y al rigor académico que la importancia de esta disciplina en nuestro sector demanda.
Para avanzar en nuestra profesión y en nuestros tiempos es necesario un cambio de mentalidad, puesto que nos enfrentamos a nuevos retos que antes ni siquiera sospechábamos que existían, como son la enorme profusión de normativas y reglamentaciones en los Estados modernos, la creciente desregulación y consecuente liberalización del mercado del derecho y del mercado de servicios en general. Necesitamos un cambio ante una demanda global y un mundo globalizado y en tránsito hacia nuevos conceptos del trabajo en plena revolución tecnológica, con cambios tan acelerados. En este contexto los abogados se ven abocados a un cambio forzoso, en un mundo también en plena revolución tecnológica donde hoy no se concibe un abogado que no se familiarice por igual con la informática e Internet como con los manuales y las leyes.
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